Todavía no sé cómo aprendí a valorar al presidente Álvaro Uribe. O bueno, sí sé, pero me negaba a verlo como el Líder (con mayúscula) con mayor popularidad entre el pueblo colombiano que concentra la atención de sus más acérrimos opositores, columnistas de opinión muchos de ellos, que creen ser los profetas de la política y los inmaculados de la ética social. Mas o menos lo que es, o no sé si todavía, Antanas Mockus.
En este mismo semanario fue común encontrar opiniones mías contradiciendo al presidente Uribe, convirtiéndome en un energúmeno político que apuntaba y daba en el blanco a muchas fichas que eran una realidad de transformación. Me equivoqué y pedí perdón. Porque hice una reestructuración política y revisé mis posturas. Lástima que quienes fueron mis amigos en esos tiempos sigan hablando de conceptos revaluados. Claro que hablar de sindicalismo y marxismo es muy bueno con la barriga llena.
Estando en un grupo político que se hacía llamar Polo, demagógico e izquierdista, creo que fui aprendiendo a ver con mayor claridad cuál era la transformación de país que estaba forjando Uribe, un político de provincia antioqueña que le dio un vuelco al retroceso que en los años noventa y primeros años del siglo XXI le dieron a Colombia César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Uribe entrañó en su discurso el flagelo de un pueblo aporreado, herido de muerte y con necesidades, por lo que creó una sólida Doctrina de Seguridad Democrática que seguirá marcando el rumbo en los próximos años de un país que pasó del miedo a la recuperación de la democracia y el crecimiento económico. Colombia volvió a nacer después del adormecimiento en el Proceso de Paz del Caguán. La ceguera es incurable hasta que no se renuncie al odio.
Muchos de los escándalos -si puede llamársele así sin caer en el amarillismo de Daniel Coronell- que tuvo este gobierno, fueron propiamente el resultado de una serie de cambios que empezó aplicar Álvaro Uribe dentro del gobierno y en la rama legislativa, de donde salió la depuración de muchas personas vinculadas con grupos al margen de la ley y que fueron objeto de exhaustivas investigaciones, por lo que pese a las especulaciones de los “jueces sin toga” que ostentan muchos columnistas de opinión, el gobierno nunca cayó ni se doblegó. Por el contrario, fue mucho más fuerte en darle la espalda y atacar certeramente la delincuencia y los grupos al margen de la ley, porque las Operaciones Jaque y Camaleón son éxitos rotundos en la carrera por exterminar el terrorismo.
Es una lástima que el presidente Uribe se le vea dejar el poder, porque quedaron asuntos pendientes para darle un cierre con broche de oro a su gobierno, pero que deberán ser asumidos con premura por el presidente Juan Manuel Santos, quien ostenta la confianza que el pueblo colombiano le dio al presidente Uribe en ocho años de gobierno.
Santos se debe a Uribe. Por lo tanto, no podrá defraudar la confianza de un pueblo que jamás abandonó a su presidente en los momentos más críticos, que son muchos y vale la pena recordar que la Operación Fénix, en que murió Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, es la mecha que expandió el actual conflicto diplomático con Venezuela; el asesinato de los Diputados del Valle y la muerte de otros uniformados son el balance negativo de una lucha que se va ganando, pero a la que no puede soltársele el cuello.
Quién más torero que Uribe para lidiar con el bloque chavista. Basta recordar la Cumbre de Unasur en Bariloche, Argentina, para ver cómo la defensa de un país se hace con vehemencia y rectitud, jamás con calificativos de grueso calibre. La verdad sale a flote por sobre el rabo de paja de los auxiliadores del terrorismo. En eso ganó Uribe, quien mantuvo la soberanía y la dignidad de un país en alto. No se doblegó ni dejará que con el nuevo gobierno suceda. Así sea una estratagema no muy común, Santos deberá tener el poder detrás del trono. Porque los huevitos, hasta no acostumbrarse a una nueva gallina, deberán seguir calentados temporalmente hasta que empollen y empiecen a crecer.
Presidente URIBE: gracias por dejar el país mucho mejor de como lo encontró. Así no corran ríos de leche y miel, sí se saborea mejor la Colombia actual.
Opiniones, disertaciones, confesiones; sobre política, religión, moral y doblemoral.
sábado, 7 de agosto de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
Catapulta de agache
La noticia más sonada dentro de los grupos de politólogos –incluyendo las cafeterías- fue que el presidente Uribe salió victorioso y dio cátedra de diplomacia a los presidentes Chávez, Correa y Ortega. Independiente de no tener la misma afección de muchos de mis amigos por Álvaro Uribe Vélez, ciudadano colombiano y citadino de Salgar, Antioquia, reconozco la diplomacia del jefe del Estado colombiano. Santo y seña.
Sí, habló bonito, con la jurisprudencia colombiana y dentro de los parámetros de la diplomacia. En un tono medio altisonante, más no hipócrita, por decir lo menos. Fue Uribe, quien además de mostrar las pruebas –no voy a deslegitimarlas- se acercó con gallardía a Correa –quien lo miró desconfiado-, a Chávez –quien con chanza recibió las disculpas- y a Ortega –quien todavía no da el brazo a torcer por San Andrés y Providencia-, les anestesió las heridas abiertas por tanta banderilla y los estocó para la foto, los tres sonrientes y Uribe con la tres dedos levantados: III (Triuribato)
Las acciones de defensa que emprendió el presidente, en la semana más aciaga de su gobierno, en la más victoriosa y feliz de su seguridad democrática, lo catapultaron a tener una popularidad que debe reconocerse, aunque no admitirse. Antes de disputa diplomática tenía un 80% de popularidad; una semana después tiene un 88%. Interpretaciones hay muchas, verdades contadas.
Para muchos es orgullo que el presidente tenga una de las popularidades más altas en la historia del país, incluso por encima de la funesta expansión del socialismo bolivariano de Chávez. Pero se olvidan de lo que pasa en realidad en casa, en las altas esferas del gobierno que, adverso a la buena diplomacia del presidente están al borde del patíbulo.
Pocos estuvieron pendientes del debate que le hicieron al ministro sucesor de la seguridad democrática, Andrés Felipe Arias, a quien le hicieron contar los kilómetros de la hacienda Carimagua con la lengua. Sudó para salir a defenderse. La senadora liberal Cecilia López lo trató de “despojador de tierras” y “contrarreformista”, porque estaba haciendo la tercera reforma agraria en el país, sucediendo las ya hechas por la violencia en los años sesenta y la de los pramilitares. Este hecho puso en serios aprietos al ministro, quien ve remota su presidencia y cerca su remoción del cargo. Todo pasó al olvido con la brillante diplomacia del presidente.
El camino es culebrero, dirán los paisanos. Para una presunta reelección del presidente faltan muchas tareas difíciles, en las que habrá que acudir a la malicia paisa, de quien el presidente es su mayor promotor. Faltan algunos meses para elegir presidente en los Estados Unidos, a sabiendas de que ganará Obama, promotor en defender la mano de obra gringa, antitratados de libre comercio, en el que Colombia saldrá mal librado.
La popularidad del presidente podría empezar a decrecer si en EE.UU ganan los Demócratas, y los principales proyectos afectados sería el replanteamiento del Plan Colombia, que ahora se llama Patriota; los créditos para financiar la guerra, por lo que se verán obligados a gravarle unas décimas más al impuesto al patrimonio que, según el Ministro de Hacienda, lo pagan los cinco ricos del país, y terminan pagándolo los de clase media.
Ahora que estamos en la época de la tolerancia y el regocijo, reconozco las acciones que por el bien de la nación viene desarrollando el gobierno, y proclamo la defensa que de la institucionalidad colombiana hizo el presidente. Pero, espero que en esta semana de fe, y poca esperanza, el presidente reconsidere la posibilidad de optar por el triuribito y se dé unas vacaciones, muy necesarias para los huesitos, las carnitas y los uribitos.
Sí, habló bonito, con la jurisprudencia colombiana y dentro de los parámetros de la diplomacia. En un tono medio altisonante, más no hipócrita, por decir lo menos. Fue Uribe, quien además de mostrar las pruebas –no voy a deslegitimarlas- se acercó con gallardía a Correa –quien lo miró desconfiado-, a Chávez –quien con chanza recibió las disculpas- y a Ortega –quien todavía no da el brazo a torcer por San Andrés y Providencia-, les anestesió las heridas abiertas por tanta banderilla y los estocó para la foto, los tres sonrientes y Uribe con la tres dedos levantados: III (Triuribato)
Las acciones de defensa que emprendió el presidente, en la semana más aciaga de su gobierno, en la más victoriosa y feliz de su seguridad democrática, lo catapultaron a tener una popularidad que debe reconocerse, aunque no admitirse. Antes de disputa diplomática tenía un 80% de popularidad; una semana después tiene un 88%. Interpretaciones hay muchas, verdades contadas.
Para muchos es orgullo que el presidente tenga una de las popularidades más altas en la historia del país, incluso por encima de la funesta expansión del socialismo bolivariano de Chávez. Pero se olvidan de lo que pasa en realidad en casa, en las altas esferas del gobierno que, adverso a la buena diplomacia del presidente están al borde del patíbulo.
Pocos estuvieron pendientes del debate que le hicieron al ministro sucesor de la seguridad democrática, Andrés Felipe Arias, a quien le hicieron contar los kilómetros de la hacienda Carimagua con la lengua. Sudó para salir a defenderse. La senadora liberal Cecilia López lo trató de “despojador de tierras” y “contrarreformista”, porque estaba haciendo la tercera reforma agraria en el país, sucediendo las ya hechas por la violencia en los años sesenta y la de los pramilitares. Este hecho puso en serios aprietos al ministro, quien ve remota su presidencia y cerca su remoción del cargo. Todo pasó al olvido con la brillante diplomacia del presidente.
El camino es culebrero, dirán los paisanos. Para una presunta reelección del presidente faltan muchas tareas difíciles, en las que habrá que acudir a la malicia paisa, de quien el presidente es su mayor promotor. Faltan algunos meses para elegir presidente en los Estados Unidos, a sabiendas de que ganará Obama, promotor en defender la mano de obra gringa, antitratados de libre comercio, en el que Colombia saldrá mal librado.
La popularidad del presidente podría empezar a decrecer si en EE.UU ganan los Demócratas, y los principales proyectos afectados sería el replanteamiento del Plan Colombia, que ahora se llama Patriota; los créditos para financiar la guerra, por lo que se verán obligados a gravarle unas décimas más al impuesto al patrimonio que, según el Ministro de Hacienda, lo pagan los cinco ricos del país, y terminan pagándolo los de clase media.
Ahora que estamos en la época de la tolerancia y el regocijo, reconozco las acciones que por el bien de la nación viene desarrollando el gobierno, y proclamo la defensa que de la institucionalidad colombiana hizo el presidente. Pero, espero que en esta semana de fe, y poca esperanza, el presidente reconsidere la posibilidad de optar por el triuribito y se dé unas vacaciones, muy necesarias para los huesitos, las carnitas y los uribitos.
viernes, 14 de mayo de 2010
Una tertulia inesperada
En casi ninguna conversación o tertulia en que participo puedo dejar de mencionar el nombre de éste grande de las letras. Y tampoco, y eso es casi un rito, de comentar el humor del dúo humorístico de las señoras “más lengüilargas de Colombia”.
El mediodía del 11 de mayo lo recordaré como nunca. No sólo porque fue una confabulación del tiempo que me encontrara con dos grandes, si no también porque ese día pude comprar y tener en mis manos un libro por el que me había cansado de preguntar en todas las librerías de Medellín.
“Aló...¿Tola? / Sí, con ella...¿Con quién? / Pues con Maruja...¿Cómo amaneciste? / Regulimbis, mi querida...Manecimos con un desempleado en la casa. / No fregués, ¿quién? / El nieto mío, Juaquin Estiven, el que trabajaba en el DAS / ¡Bruta¡, no charlés, ¿por qué lo echaron? / Figurate que a él le tocaba funcionar en la sección de chuzadas telefónicas y lo pusieron a oír una conversación entre el dotor Holguín Sarni y el dotor Bernal Cuéllar, y Estivencito se quedó dormido. / Qué trabajo tan duro. Esta conversación de dos comadres, una de ellas, personificada por un humorista que conocí pensé que nunca podría verla desde tan cerca. Un amigo chismoso, pero bien informado.
En mis aventuras a pie por el centro de Medellín, como hago cada que puedo, visité la librería más rara de Medellín, no porque sea atendida por un sesentón, si no porque hay pocos compradores, y si los hay son ratones de biblioteca o intelectuales de vieja data. La librería Palinuro, ubicada en una calle medio ciega, cerca al Parque del Periodista, núcleo de la rumba gótica-rockera-enmarihuanada de la villa, es uno de los sitios de tertulia más conocidos de Medellín, no porque se tome mucho tinto o se hable mucho de política, porque es un tema prohibido, sino porque es el sueño hecho realidad de cuatro locos que soñaban con tener una librería de libros leídos, cuatro viciosos de las letras y la lectura: Héctor Abad Faciolince, Sergio Valencia, Élkin Obregón y Luis Alberto Álvarez.
En mi visita, un viaje intempestivo, no pensaba en ningún momento encontrarme con dos grandes como Maruja, la amiga chismosa de Tola, que es interpretada por Sergio Valencia, el dúo de señoras que nos alegran las noches, y también, volver a ver personalmente al maestro del periodismo y mi escritor de cabecera Héctor Abad, una pluma necesaria para ver desde la trastienda, adornada de literatura, una realidad no vista de Colombia.
La improvisada tertulia se tornó más interesante cuando le mencioné a Héctor su última publicación, un ensayo que fue incluido en el Manual de Ateología recientemente publicado. Las risas no se hicieron esperar. Este paréntesis fue aprovechado por Héctor para recordar su expulsión de la Universidad Pontificia Bolivariana por escribir en contra del papa, fulminado por el báculo de su archienemigo López Trujillo, añadiendo que la historia se estaba repitiendo, porque a mí también me había pasado casi lo mismo, pero en un Colegio Católico. Este encuentro, que desgraciadamente no quedó grabado en imágenes fotográficas, sino en nuestras memorias, sólo duró unas dos horas, las más gratas dos horas de mi viaje. Lástima que otro amigo, el caricaturista y escritor Élkin Obregón, no pudiera estar para hacernos reír con sus ocurrencias literarias y su elocuencia quijotesca.
Mi peregrinaje literario, que no era en un día sabático, si no una visita obligada para sacar un requisito innecesario como el RUT, terminó en el parque de Bolívar, otro lugar de la ciudad que encierra emociones, risas y personajes, como la velada diurna de un cantante de tangos, que con el pelo engrasado a lo Gardel, corbatín y traje de gala, una memoria prodigiosa y una voz no fingida, acompañado por las notas de su reproductor mp3 cantaba tangos tan recordados como “El arrabal”, “Volver” y “Por una cabeza”.
Los tangos y la fresca de la fuente del parque de Bolívar me hicieron rememorar por toda la tarde la tertulia con Héctor, Sergio y Luis Alberto, quienes con Élkin forman los mosqueteros de Dumas, porque ellos son unos enamorados de Medellín y mecenas de una profesión subvalorada pero culta, porque ser librero es una cosa de locos, un molino de viento al que pocos Quijotes se le enfrentan.
El mediodía del 11 de mayo lo recordaré como nunca. No sólo porque fue una confabulación del tiempo que me encontrara con dos grandes, si no también porque ese día pude comprar y tener en mis manos un libro por el que me había cansado de preguntar en todas las librerías de Medellín.
“Aló...¿Tola? / Sí, con ella...¿Con quién? / Pues con Maruja...¿Cómo amaneciste? / Regulimbis, mi querida...Manecimos con un desempleado en la casa. / No fregués, ¿quién? / El nieto mío, Juaquin Estiven, el que trabajaba en el DAS / ¡Bruta¡, no charlés, ¿por qué lo echaron? / Figurate que a él le tocaba funcionar en la sección de chuzadas telefónicas y lo pusieron a oír una conversación entre el dotor Holguín Sarni y el dotor Bernal Cuéllar, y Estivencito se quedó dormido. / Qué trabajo tan duro. Esta conversación de dos comadres, una de ellas, personificada por un humorista que conocí pensé que nunca podría verla desde tan cerca. Un amigo chismoso, pero bien informado.
En mis aventuras a pie por el centro de Medellín, como hago cada que puedo, visité la librería más rara de Medellín, no porque sea atendida por un sesentón, si no porque hay pocos compradores, y si los hay son ratones de biblioteca o intelectuales de vieja data. La librería Palinuro, ubicada en una calle medio ciega, cerca al Parque del Periodista, núcleo de la rumba gótica-rockera-enmarihuanada de la villa, es uno de los sitios de tertulia más conocidos de Medellín, no porque se tome mucho tinto o se hable mucho de política, porque es un tema prohibido, sino porque es el sueño hecho realidad de cuatro locos que soñaban con tener una librería de libros leídos, cuatro viciosos de las letras y la lectura: Héctor Abad Faciolince, Sergio Valencia, Élkin Obregón y Luis Alberto Álvarez.
En mi visita, un viaje intempestivo, no pensaba en ningún momento encontrarme con dos grandes como Maruja, la amiga chismosa de Tola, que es interpretada por Sergio Valencia, el dúo de señoras que nos alegran las noches, y también, volver a ver personalmente al maestro del periodismo y mi escritor de cabecera Héctor Abad, una pluma necesaria para ver desde la trastienda, adornada de literatura, una realidad no vista de Colombia.
La improvisada tertulia se tornó más interesante cuando le mencioné a Héctor su última publicación, un ensayo que fue incluido en el Manual de Ateología recientemente publicado. Las risas no se hicieron esperar. Este paréntesis fue aprovechado por Héctor para recordar su expulsión de la Universidad Pontificia Bolivariana por escribir en contra del papa, fulminado por el báculo de su archienemigo López Trujillo, añadiendo que la historia se estaba repitiendo, porque a mí también me había pasado casi lo mismo, pero en un Colegio Católico. Este encuentro, que desgraciadamente no quedó grabado en imágenes fotográficas, sino en nuestras memorias, sólo duró unas dos horas, las más gratas dos horas de mi viaje. Lástima que otro amigo, el caricaturista y escritor Élkin Obregón, no pudiera estar para hacernos reír con sus ocurrencias literarias y su elocuencia quijotesca.
Mi peregrinaje literario, que no era en un día sabático, si no una visita obligada para sacar un requisito innecesario como el RUT, terminó en el parque de Bolívar, otro lugar de la ciudad que encierra emociones, risas y personajes, como la velada diurna de un cantante de tangos, que con el pelo engrasado a lo Gardel, corbatín y traje de gala, una memoria prodigiosa y una voz no fingida, acompañado por las notas de su reproductor mp3 cantaba tangos tan recordados como “El arrabal”, “Volver” y “Por una cabeza”.
Los tangos y la fresca de la fuente del parque de Bolívar me hicieron rememorar por toda la tarde la tertulia con Héctor, Sergio y Luis Alberto, quienes con Élkin forman los mosqueteros de Dumas, porque ellos son unos enamorados de Medellín y mecenas de una profesión subvalorada pero culta, porque ser librero es una cosa de locos, un molino de viento al que pocos Quijotes se le enfrentan.
viernes, 19 de febrero de 2010
Sicarios + narcotráfico = ¿Antioquia?
Estoy escandalizado, yo que no me escandalizo con nada. Nosotros los antioqueños estamos siendo objeto de estigmatización por parte de la novelas de RCN. Tengo gran tristeza por cómo nuestra Antioquia está siendo mostrada a Colombia y al mundo, como una zona del país violenta y donde se camina sobre los muertos.
La novela Rosario Tijeras, de gran audiencia entre el pueblo colombiano, está acabando con la imagen que por tanto tiempo hemos construido los antioqueños, en un reto que fue formulado desde la Gobernación, para mostrarnos en el 2020 como “La mejor esquina de América”.
Podrán decirnos regionalistas; habitantes de Paisalandia; o mejor aún, República Independiente de Antioquia, pero nos sentimos orgullosos de lo que somos y hemos construido en los últimos siglos, una imagen de progreso que se ha forjado a pulso, y una historia de colonización escrita por los arrieros que está enmarcada en los libros de historia, al lado de la mula, el símbolo del trasegar antioqueño en el trabajo y la pujanza.
Está bien que Fernando Vallejo es un resentido social y que nos ha catalogado como “el peor pueblo”, llegando ha estigmatizar a Medellín con su noveleta La virgen de los sicarios, que no fue tan grave en pleno proceso de desarme de los grupos ilegales en Medellín; fue en menor medida más objetivo Víctor Gaviria en mostrar las entrañas de las comunas en su película La vendedora de rosas, porque también hay que decirlo, hay que ver cómo ha sido nuestra historia y mostrar las realidades de la postmodernidad urbana.
Claro está, no todo puede ser rosa, pero de verdad que las novelas colombianas del último año se han encarnizado en mostrar a Antioquia como una guarida de ratas, un nicho de sicarios y una caleta del narcotráfico que tiene el país del Sagrado.
Qué pesar que los libretistas no conozcan sino a Antioquia, porque no es solamente Medellín la ciudad estigmatizada, también ha sido Yarumal, al decir del guionista de la novela El Capo, que ese tal narco con apellido Jaramillo, de los más abundantes en Antioquia, nació en Yarumal. Qué desfachatez, qué dolor, ¡qué vergüenza! Siento una lamentación profunda como antioqueño, como ancestro de arrieros y habitante de la comarca más hermosa que tiene este país.
Recuerdo cómo hace unos años en pleno primer gobierno del Presidente Uribe las críticas que llovían por haber puesto un gabinete con una cuota de más del 80% paisa, de su confianza y de equipo de trabajo, algunos trabajaron con él en la Gobernación de Antioquia. Rabia y envidia es que nos tienen, porque somos el departamento con mayor resueno en el país, con eventos como la Asamblea del BID; prontamente los Juegos Suramericanos; los eventos más importantes de Suramérica con sede en Medellín, como la Bienal Internacional de Arquitectura; y una de las administraciones más famosas en cuanto a las transformación social, como el gobierno de Fajardo, así se esté deteriorando su imagen.
Cómo no sentirnos orgullosos de Antioquia, si de aquí tenemos al presidente más famoso de la historia de Colombia en el último siglo; dos pensadores de los más importantes que han destallado en las letras y la filosofía, como Fernando González y Estanislao Zuleta; una capital del departamento de las más sobresalientes en el país por su desarrollo económico y social, incluso más que la capital de la República. Razones para defender a Medellín y a Antioquia hay de sobra y rechazamos categóricamente que seamos tratados como un pueblo de sicarios.
Nosotros como antioqueños no tenemos culpa alguna que en nuestro terruño se haya parido a uno de los narcos más buscados en el mundo como Pablo Escobar; el grupo de los Doce Apóstoles haya sido en Yarumal un ala delincuencial y sicaresca del paramilitarismo; que en nuestra tierra se produzca gran parte de la cocaína que produce Colombia. Nosotros somos personas de bien y no necesitamos hacer parte de novelas absurdas para figurar, porque nada es ficción, todo lo que representa a Antioquia es una realidad.
Por el respeto de nuestra Antioquia y de la ciudad de la eterna primavera rechacemos la novelesca de los bogotanos, quienes han creado un manto de miedo y desconcierto ante la comunidad nacional e internacional de lo que es Medellín, próxima a celebrar los juegos más importantes de Suramérica. La época del terror ha pasado. Gritemos todos ¡Arriba los antioqueños!
La novela Rosario Tijeras, de gran audiencia entre el pueblo colombiano, está acabando con la imagen que por tanto tiempo hemos construido los antioqueños, en un reto que fue formulado desde la Gobernación, para mostrarnos en el 2020 como “La mejor esquina de América”.
Podrán decirnos regionalistas; habitantes de Paisalandia; o mejor aún, República Independiente de Antioquia, pero nos sentimos orgullosos de lo que somos y hemos construido en los últimos siglos, una imagen de progreso que se ha forjado a pulso, y una historia de colonización escrita por los arrieros que está enmarcada en los libros de historia, al lado de la mula, el símbolo del trasegar antioqueño en el trabajo y la pujanza.
Está bien que Fernando Vallejo es un resentido social y que nos ha catalogado como “el peor pueblo”, llegando ha estigmatizar a Medellín con su noveleta La virgen de los sicarios, que no fue tan grave en pleno proceso de desarme de los grupos ilegales en Medellín; fue en menor medida más objetivo Víctor Gaviria en mostrar las entrañas de las comunas en su película La vendedora de rosas, porque también hay que decirlo, hay que ver cómo ha sido nuestra historia y mostrar las realidades de la postmodernidad urbana.
Claro está, no todo puede ser rosa, pero de verdad que las novelas colombianas del último año se han encarnizado en mostrar a Antioquia como una guarida de ratas, un nicho de sicarios y una caleta del narcotráfico que tiene el país del Sagrado.
Qué pesar que los libretistas no conozcan sino a Antioquia, porque no es solamente Medellín la ciudad estigmatizada, también ha sido Yarumal, al decir del guionista de la novela El Capo, que ese tal narco con apellido Jaramillo, de los más abundantes en Antioquia, nació en Yarumal. Qué desfachatez, qué dolor, ¡qué vergüenza! Siento una lamentación profunda como antioqueño, como ancestro de arrieros y habitante de la comarca más hermosa que tiene este país.
Recuerdo cómo hace unos años en pleno primer gobierno del Presidente Uribe las críticas que llovían por haber puesto un gabinete con una cuota de más del 80% paisa, de su confianza y de equipo de trabajo, algunos trabajaron con él en la Gobernación de Antioquia. Rabia y envidia es que nos tienen, porque somos el departamento con mayor resueno en el país, con eventos como la Asamblea del BID; prontamente los Juegos Suramericanos; los eventos más importantes de Suramérica con sede en Medellín, como la Bienal Internacional de Arquitectura; y una de las administraciones más famosas en cuanto a las transformación social, como el gobierno de Fajardo, así se esté deteriorando su imagen.
Cómo no sentirnos orgullosos de Antioquia, si de aquí tenemos al presidente más famoso de la historia de Colombia en el último siglo; dos pensadores de los más importantes que han destallado en las letras y la filosofía, como Fernando González y Estanislao Zuleta; una capital del departamento de las más sobresalientes en el país por su desarrollo económico y social, incluso más que la capital de la República. Razones para defender a Medellín y a Antioquia hay de sobra y rechazamos categóricamente que seamos tratados como un pueblo de sicarios.
Nosotros como antioqueños no tenemos culpa alguna que en nuestro terruño se haya parido a uno de los narcos más buscados en el mundo como Pablo Escobar; el grupo de los Doce Apóstoles haya sido en Yarumal un ala delincuencial y sicaresca del paramilitarismo; que en nuestra tierra se produzca gran parte de la cocaína que produce Colombia. Nosotros somos personas de bien y no necesitamos hacer parte de novelas absurdas para figurar, porque nada es ficción, todo lo que representa a Antioquia es una realidad.
Por el respeto de nuestra Antioquia y de la ciudad de la eterna primavera rechacemos la novelesca de los bogotanos, quienes han creado un manto de miedo y desconcierto ante la comunidad nacional e internacional de lo que es Medellín, próxima a celebrar los juegos más importantes de Suramérica. La época del terror ha pasado. Gritemos todos ¡Arriba los antioqueños!
viernes, 22 de enero de 2010
Candidatos fantasmas
Cuando se redujo la baraja de precandidatos a la presidencia, con la elección de Gustavo Petro y Rafael Pardo, como candidatos del Polo Democrático y el Partido Liberal, pensé por un instante que el despliegue nacional de las campañas abarcarían más prensa que las intuiciones del presidente Uribe cuando deja ver su voluntad de seguir en el poder o las amenazas de guerra del tragicómico presidente Chávez. Me descabecé en mis predicciones.
Desde la propuesta de Pardo de hacer una consulta interpartidista con Petro y antiguos liberales, lo cual generó un rechazo previsible de Germán Vargas Lleras y Juan Manuel Santos, la dupla Pardo-Petrista no volvió a mojar prensa, como si se los hubiera tragado la tierra o estuvieran dedicados a los retiros espirituales con el octogenario Carlos Gaviria.
Es apenas normal que la mancha amarilla, apenas distinguida entre los anaqueles amarillentos de tratados marxistas y leninistas, estuviera durante toda la navidad y parte de la primera quincena de este 2010, esperando la iluminación de Marx y Lenin para ungir a quien sería el Presidente del partido y el Secretario general. Y por parte de los liberales confundidos entre el rojo navideño y la mancha roja del partido de viejas luchas y guerras.
No sé para qué fue tanto revolcón, despliegue de columnas de opinión y reportajes por quién se quedaba con la dirección del Polo, cargo que desempeñó temporalmente el senador Jaime Dussan quien, después de un tire y afloje ideológico y radicalizado, fue elegido. Qué novedad que el ala radical de ese partido siguiera bajo manipulación del viejo Gaviria. Aunque no todo quedó en manos del anclaje histórico geriátrico, porque como Secretario general fue elegido Boris Montes de Oca, un discípulo de Jorge Eliécer Guevara, único senador que apoyó a Petro, y quien es apoyado por el sindicato nacional de maestros Fecode. Como decía un paisa, “el peor pinche se come la mejor guayaba”.
Si por el Polo los fantasmas abundan, en el Partido Liberal el candidato ya es leyenda. Pardo, al parecer, fue apabullado por el Procurador Ordóñez cuando propuso la píldora del día después para menores de 18 años. Quién iba a creer que, quien tenía el banderín rojo para acorralar a sus adversarios, sería embestido por una oleada de cornadas y abucheos orquestados por el Procurador. En siglo y medio de existencia del partido del trapo rojo, es primera vez que se ve tan rendido y malgastado. Cómo sufrirán Turbay Ayala y López Michelsen con la autodestrucción del Panteón Liberal.
Otros dirán que por temporada de navidad todos los candidatos estaban en reposo y planeando estrategias para los primeros meses del nuevo año, lo cual es una disculpa para evadirse. Algunos como Sergio Fajardo, Andrés Felipe Arias y Germán Vargas Lleras estuvieron participando en actividades navideñas y no perdieron tiempo. Y otros que no se han decidido, comos los Trillizos Verdes, creen que la popularidad de cada uno es endosable para quien salga electo como candidato del Partido Verde. En estos tiempos de campaña contrarreloj no puede descuidarse el espacio ganado, porque como dice el refranero antioqueño: “No cantan bien dos gallos en el mismo gallinero”.
Mientras Pardo se debate en la multifuncionalidad, siendo candidato y presidente del Partido Liberal, además de avalar familiares de los para-políticos; y Petro arma y desarma coaliciones para quedarse con las plumas de la presidencia de su partido; los candidatos independientes y tradicionales y anónimos, como uno de la Costa Atlántica, esperan con cautela la decisión de la Corte de avalar el Referendo Birreeleccionista. De El Ubérrimo, la finca del presidente Uribe, vendrán los vientos que darán dirección a la barca en que navega Colombia.
Desde la propuesta de Pardo de hacer una consulta interpartidista con Petro y antiguos liberales, lo cual generó un rechazo previsible de Germán Vargas Lleras y Juan Manuel Santos, la dupla Pardo-Petrista no volvió a mojar prensa, como si se los hubiera tragado la tierra o estuvieran dedicados a los retiros espirituales con el octogenario Carlos Gaviria.
Es apenas normal que la mancha amarilla, apenas distinguida entre los anaqueles amarillentos de tratados marxistas y leninistas, estuviera durante toda la navidad y parte de la primera quincena de este 2010, esperando la iluminación de Marx y Lenin para ungir a quien sería el Presidente del partido y el Secretario general. Y por parte de los liberales confundidos entre el rojo navideño y la mancha roja del partido de viejas luchas y guerras.
No sé para qué fue tanto revolcón, despliegue de columnas de opinión y reportajes por quién se quedaba con la dirección del Polo, cargo que desempeñó temporalmente el senador Jaime Dussan quien, después de un tire y afloje ideológico y radicalizado, fue elegido. Qué novedad que el ala radical de ese partido siguiera bajo manipulación del viejo Gaviria. Aunque no todo quedó en manos del anclaje histórico geriátrico, porque como Secretario general fue elegido Boris Montes de Oca, un discípulo de Jorge Eliécer Guevara, único senador que apoyó a Petro, y quien es apoyado por el sindicato nacional de maestros Fecode. Como decía un paisa, “el peor pinche se come la mejor guayaba”.
Si por el Polo los fantasmas abundan, en el Partido Liberal el candidato ya es leyenda. Pardo, al parecer, fue apabullado por el Procurador Ordóñez cuando propuso la píldora del día después para menores de 18 años. Quién iba a creer que, quien tenía el banderín rojo para acorralar a sus adversarios, sería embestido por una oleada de cornadas y abucheos orquestados por el Procurador. En siglo y medio de existencia del partido del trapo rojo, es primera vez que se ve tan rendido y malgastado. Cómo sufrirán Turbay Ayala y López Michelsen con la autodestrucción del Panteón Liberal.
Otros dirán que por temporada de navidad todos los candidatos estaban en reposo y planeando estrategias para los primeros meses del nuevo año, lo cual es una disculpa para evadirse. Algunos como Sergio Fajardo, Andrés Felipe Arias y Germán Vargas Lleras estuvieron participando en actividades navideñas y no perdieron tiempo. Y otros que no se han decidido, comos los Trillizos Verdes, creen que la popularidad de cada uno es endosable para quien salga electo como candidato del Partido Verde. En estos tiempos de campaña contrarreloj no puede descuidarse el espacio ganado, porque como dice el refranero antioqueño: “No cantan bien dos gallos en el mismo gallinero”.
Mientras Pardo se debate en la multifuncionalidad, siendo candidato y presidente del Partido Liberal, además de avalar familiares de los para-políticos; y Petro arma y desarma coaliciones para quedarse con las plumas de la presidencia de su partido; los candidatos independientes y tradicionales y anónimos, como uno de la Costa Atlántica, esperan con cautela la decisión de la Corte de avalar el Referendo Birreeleccionista. De El Ubérrimo, la finca del presidente Uribe, vendrán los vientos que darán dirección a la barca en que navega Colombia.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Escatología y dignificación de la política
El término de escatología se entiende como el estudio del excremento, un término un poco asqueroso para tratarlo en una columna de opinión, pero es necesario utilizarlo para ejemplificar la referencia que hacen muchos ciudadanos de lo que les produce el término política, tan bien justificado por Aristóteles en sus obras. Es muy común escuchar que les produce asco la política.
En estos meses preelectorales, donde el ramillete de candidatos a la Cámara y Senado es amplio, se han estado fraguando algunas propuestas que conlleven a un contrato entre ciudadanos y políticos, un intento de dignificar la política, enmarcado en un compromiso ético y político, como lo conceptualiza el politólogo y reformador de la Teoría Política Joan Prats, quien propone unos principios para formar buenos políticos.
Los buenos políticos, dice Prats, evitan la retórica y la demagogia y, por el contrario, transforman el discurso social en sueños que se puedan solidificar.
La dignificación de la política, como un componente de renovación, debe tener planteado el principio de continuidad en las iniciativas de los políticos, entendido esto en los Representantes a la Cámara y Senadores, con posibilidad de ampliarse a la elección de Diputados y Concejales, y por qué no en la elección popular de Gobernadores y Alcaldes, proponiendo un modelo de liderazgo y continuidad de las propuestas.
La madurez política de la democracia debe partir del proceso de continuidad de las propuestas electorales.
Plantea el teórico político Prats el concepto de confianza electoral, destronando de la ética política actual la traición de los ideales y la confianza de los electores, generando un compromiso inequívoco de los políticos a las promesas de campaña.
La ética política debe partir de un inescrutable sentimiento de respeto a los ciudadanos.
En ocasiones, como escribió Antonio Caballero en su ensayo sobre La manipulación de la belleza, la falta de ética política y la dignidad para reconocer los errores por parte de los políticos, son la cuota inicial para construir un modelo de feicización de la política, asumiendo que la política de los últimos tiempos huele a mierda de corrupción, o como dice él mismo: “La política, que es el arte de la disimulación y del engaño, afea el rostro, que es (dicen) el espejo del alma (...) En mi oficio de periodista político yo no trato con la belleza, sino con la fealdad. No me ocupo de los grandes hombres, sino de los pequeños y mezquinos. No sé si pueda afirmarse de manera rotunda que a todos los políticos profesionales les convendría una intervención extrema de cirugía reconstructiva”.
La dignificación de la política, como un contrato social, más que elegir candidatos líderes, debe incluir un compromiso serio de seguimiento a las propuestas de los elegidos, sin caer en un olvido que más tarde costará el detrimento patrimonial de que viven los municipios actualmente.
Elegir a un gobernante no debe ser un acto de cumplimiento con la democracia, sino que debe ser un compromiso irrenunciable de no cerrar los ojos ante las acciones administrativas. De lo contrario, la política tendrá una terrible malformación que asquea, una gangrena que deberá ser objeto de un acucioso estudio de escatología política. Que la mierda no sea sinónimo de política y corrupción.
En estos meses preelectorales, donde el ramillete de candidatos a la Cámara y Senado es amplio, se han estado fraguando algunas propuestas que conlleven a un contrato entre ciudadanos y políticos, un intento de dignificar la política, enmarcado en un compromiso ético y político, como lo conceptualiza el politólogo y reformador de la Teoría Política Joan Prats, quien propone unos principios para formar buenos políticos.
Los buenos políticos, dice Prats, evitan la retórica y la demagogia y, por el contrario, transforman el discurso social en sueños que se puedan solidificar.
La dignificación de la política, como un componente de renovación, debe tener planteado el principio de continuidad en las iniciativas de los políticos, entendido esto en los Representantes a la Cámara y Senadores, con posibilidad de ampliarse a la elección de Diputados y Concejales, y por qué no en la elección popular de Gobernadores y Alcaldes, proponiendo un modelo de liderazgo y continuidad de las propuestas.
La madurez política de la democracia debe partir del proceso de continuidad de las propuestas electorales.
Plantea el teórico político Prats el concepto de confianza electoral, destronando de la ética política actual la traición de los ideales y la confianza de los electores, generando un compromiso inequívoco de los políticos a las promesas de campaña.
La ética política debe partir de un inescrutable sentimiento de respeto a los ciudadanos.
En ocasiones, como escribió Antonio Caballero en su ensayo sobre La manipulación de la belleza, la falta de ética política y la dignidad para reconocer los errores por parte de los políticos, son la cuota inicial para construir un modelo de feicización de la política, asumiendo que la política de los últimos tiempos huele a mierda de corrupción, o como dice él mismo: “La política, que es el arte de la disimulación y del engaño, afea el rostro, que es (dicen) el espejo del alma (...) En mi oficio de periodista político yo no trato con la belleza, sino con la fealdad. No me ocupo de los grandes hombres, sino de los pequeños y mezquinos. No sé si pueda afirmarse de manera rotunda que a todos los políticos profesionales les convendría una intervención extrema de cirugía reconstructiva”.
La dignificación de la política, como un contrato social, más que elegir candidatos líderes, debe incluir un compromiso serio de seguimiento a las propuestas de los elegidos, sin caer en un olvido que más tarde costará el detrimento patrimonial de que viven los municipios actualmente.
Elegir a un gobernante no debe ser un acto de cumplimiento con la democracia, sino que debe ser un compromiso irrenunciable de no cerrar los ojos ante las acciones administrativas. De lo contrario, la política tendrá una terrible malformación que asquea, una gangrena que deberá ser objeto de un acucioso estudio de escatología política. Que la mierda no sea sinónimo de política y corrupción.
martes, 27 de octubre de 2009
Los colegios laicos y la cátedra del aborto
Por fortuna para mí, no sé si también para mis padres, fui educado en un colegio de carácter laico como es el Liceo San Luis, de Yarumal, con maestros liberales en el pensamiento y en sus convicciones y abiertos a la discusión; lástima que hoy esté convertido en una institución educativa donde se obliga a profesar la religión católica y se coartan las libertades consagradas en la ley, defendidas por la Corte Constitucional en sendas sentencias.
Claro que a mí también me tocó la obligatoriedad de las misas, so pena de perder la materia de religión, la misma práctica que utiliza actualmente el profesor de religión y filosofía, que también me tocó desafortunadamente a mí, coartando las libertades en una especie de soborno de ir a rezar o presentar un examen. En mi tiempo no teníamos protección de la corte, pero ahora sí hay jurisprudencia amplia y debe respetarse la libertad de credos de ateos juveniles, librepensadores y cristianos, porque una cosa es segura, y es que en el país no toda la población es borrega del catolicismo. Gracias al señor Nietzsche pude abrir los ojos tiempo después.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de tener en mis manos el Manual de Convivencia de la I. E. San Luis, donde leí algunos artículos de obligatorio cumplimiento que me causaron conmoción y desasosiego, no solo por el tufo de autoritarismo, sino también porque son violatorios de los derechos fundamentales y de la jurisprudencia de la corte en cuanto al corte de cabello, que dice el manual debe ser “moderado y de tres centímetros desde la raíz capilar”. Increíble que se siga imponiendo éste modelo caduco.
Pero eso no es todo. Desde la llegada del nuevo rector las misas se volvieron parte del horario de clase, con Tedeum y todo, desconociendo que el colegio es una institución oficial y laica y debe respetarse la libertad de cultos, o eso se piensa, porque la asistencia a las celebraciones es obligatoria. Razón tenía Estanislao Zuleta en decir “que la educación del bachillerato es la cosa más vaga, confusa y profusa de la educación en el país… la educación, tal como ella está, reprime el pensamiento, así no se lo proponga”.
Si la constitución es laica, no teísta, ¿por qué debe pasarse por la faja en la profesión de cultos? ¿por qué los manuales de convivencia son tan buenos para resaltar los deberes de los estudiantes y tan inquisidores en el reconocimiento de los derechos? Si es ignorancia, es bueno leer las sentencias en cuanto a la elegibilidad del padre de familia de decidir si su hijo recibe clases de educación católica; respetar el derecho al libre desarrollo de la personalidad de los estudiantes de pelo largo; o el respeto a la diversidad sexual en las instituciones educativas, porque según he escuchado en el colegio ha habido casos de homofobia.
Supongo que me llamarán rebelde por promover las libertades, pero esperen que apenas viene lo mejor. La corte constitucional ha dado un nuevo paso a revolucionar los derechos de los ciudadanos y obligará al Ministerio de Educación a llevar a las aulas de clase el tema del aborto. Ya me imagino la cara de los opusdeístas del colegio, que era mi orgullo y seno de maestros brillantes que hoy hacen mucha falta, promoviendo de camándula en mano talleres para aprender a conocer los casos en que se aplica el aborto. Leerán la sentencia de la corte con gafas oscuras y se taparán la nariz, porque eso es acto del demonio y producto de la descomposición de la sociedad.
Lo grandioso de la sentencia es que no es una recomendación si no una orden, de obligatorio cumplimiento no sólo para el Ministerio de Educación, si no también para la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la Protección Social. La cátedra del aborto será el primer paso para empezar a desligar de la educación el matrimonio de la iglesia-Estado, cumpliendo con lo que propone el Estado liberal.
Ahora, que el tema del aborto se toma las aulas de clase, es propicio para empezar a incluir el tema de la diversidad sexual como un derecho fundamental, dándole primacía en la educación laica, porque así como hay niñas que, si son violadas o tienen malformación en el feto, tienen el derecho a abortar, hay jóvenes que tienen el derecho a definir su condición sexual, con el acompañamiento de las directivas del colegio y la inclusión en el Manual de Convivencia de la No Homofobia.
Es por esto, que haciendo uso de mi derecho a la libertad de expresión, llamo la atención al cumplimiento de la jurisprudencia por parte de los directivos de los colegios del Estado, porque los privados son un cuento aparte y tienen santificación papal, lo cual los convierte en violadores de las libertades, porque ellos no respetan la decisión de una alumna a abortar, pero los públicos si tienen la obligación de velar por los derechos y no poner por encima de la constitución la voluntad idólatra al cumplimiento de la moral bíblica.
¡Cuándo aprenderemos a respetar las libertades! Creo que es hora de reivindicar los derechos de la mujer, entre los cuales está el derecho a abortar. ¿O dónde está escrito que una mujer violada o con un feto malformado esté obligada a tener la criatura? En Grecia mataban a los fetos que nacían malformados; en Colombia matan los derechos de la mujer a camandulazos.
Claro que a mí también me tocó la obligatoriedad de las misas, so pena de perder la materia de religión, la misma práctica que utiliza actualmente el profesor de religión y filosofía, que también me tocó desafortunadamente a mí, coartando las libertades en una especie de soborno de ir a rezar o presentar un examen. En mi tiempo no teníamos protección de la corte, pero ahora sí hay jurisprudencia amplia y debe respetarse la libertad de credos de ateos juveniles, librepensadores y cristianos, porque una cosa es segura, y es que en el país no toda la población es borrega del catolicismo. Gracias al señor Nietzsche pude abrir los ojos tiempo después.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de tener en mis manos el Manual de Convivencia de la I. E. San Luis, donde leí algunos artículos de obligatorio cumplimiento que me causaron conmoción y desasosiego, no solo por el tufo de autoritarismo, sino también porque son violatorios de los derechos fundamentales y de la jurisprudencia de la corte en cuanto al corte de cabello, que dice el manual debe ser “moderado y de tres centímetros desde la raíz capilar”. Increíble que se siga imponiendo éste modelo caduco.
Pero eso no es todo. Desde la llegada del nuevo rector las misas se volvieron parte del horario de clase, con Tedeum y todo, desconociendo que el colegio es una institución oficial y laica y debe respetarse la libertad de cultos, o eso se piensa, porque la asistencia a las celebraciones es obligatoria. Razón tenía Estanislao Zuleta en decir “que la educación del bachillerato es la cosa más vaga, confusa y profusa de la educación en el país… la educación, tal como ella está, reprime el pensamiento, así no se lo proponga”.
Si la constitución es laica, no teísta, ¿por qué debe pasarse por la faja en la profesión de cultos? ¿por qué los manuales de convivencia son tan buenos para resaltar los deberes de los estudiantes y tan inquisidores en el reconocimiento de los derechos? Si es ignorancia, es bueno leer las sentencias en cuanto a la elegibilidad del padre de familia de decidir si su hijo recibe clases de educación católica; respetar el derecho al libre desarrollo de la personalidad de los estudiantes de pelo largo; o el respeto a la diversidad sexual en las instituciones educativas, porque según he escuchado en el colegio ha habido casos de homofobia.
Supongo que me llamarán rebelde por promover las libertades, pero esperen que apenas viene lo mejor. La corte constitucional ha dado un nuevo paso a revolucionar los derechos de los ciudadanos y obligará al Ministerio de Educación a llevar a las aulas de clase el tema del aborto. Ya me imagino la cara de los opusdeístas del colegio, que era mi orgullo y seno de maestros brillantes que hoy hacen mucha falta, promoviendo de camándula en mano talleres para aprender a conocer los casos en que se aplica el aborto. Leerán la sentencia de la corte con gafas oscuras y se taparán la nariz, porque eso es acto del demonio y producto de la descomposición de la sociedad.
Lo grandioso de la sentencia es que no es una recomendación si no una orden, de obligatorio cumplimiento no sólo para el Ministerio de Educación, si no también para la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la Protección Social. La cátedra del aborto será el primer paso para empezar a desligar de la educación el matrimonio de la iglesia-Estado, cumpliendo con lo que propone el Estado liberal.
Ahora, que el tema del aborto se toma las aulas de clase, es propicio para empezar a incluir el tema de la diversidad sexual como un derecho fundamental, dándole primacía en la educación laica, porque así como hay niñas que, si son violadas o tienen malformación en el feto, tienen el derecho a abortar, hay jóvenes que tienen el derecho a definir su condición sexual, con el acompañamiento de las directivas del colegio y la inclusión en el Manual de Convivencia de la No Homofobia.
Es por esto, que haciendo uso de mi derecho a la libertad de expresión, llamo la atención al cumplimiento de la jurisprudencia por parte de los directivos de los colegios del Estado, porque los privados son un cuento aparte y tienen santificación papal, lo cual los convierte en violadores de las libertades, porque ellos no respetan la decisión de una alumna a abortar, pero los públicos si tienen la obligación de velar por los derechos y no poner por encima de la constitución la voluntad idólatra al cumplimiento de la moral bíblica.
¡Cuándo aprenderemos a respetar las libertades! Creo que es hora de reivindicar los derechos de la mujer, entre los cuales está el derecho a abortar. ¿O dónde está escrito que una mujer violada o con un feto malformado esté obligada a tener la criatura? En Grecia mataban a los fetos que nacían malformados; en Colombia matan los derechos de la mujer a camandulazos.
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